domingo, 25 de marzo de 2012

Trastornos ansiosos en la etapa escolar


Cada año al comenzar el periodo académico  muchos niños manifiestan síntomas ansiosos de diversa índole, sin embargo es importante tener presente cuando estos síntomas se encuentran dentro de los parámetros normales y responden a una reacción ansiosa o cuando nuestros niños han dejado de responder de manera funcional manifestando una reacción más bien patológica que puede conformar un trastorno ansioso.

Es importante considerar que dependiendo de la edad madurativa del niño los distintos síntomas y signos se van a presentar de distinta manera. Sin embargo, y a modo general, se observan afectadas tres áreas: física, cognitiva y afectiva.
Siendo las manifestaciones más recurrentes: las alteraciones del sueño (mal dormir, pesadillas, inversión sueño-vigilia), sudoración, quejas somáticas (en general dolor de estómago), preocupaciones (pueden deberse a un tema por ejemplo a los padres o pueden ser en general), expectativas catastróficas (esperan que algo salga mal), fantasías, percepciones amenazantes (las cosas son amenazantes por sí misma), automonitoreo (se mira constantemente de manera negativa), labilidad emocional, tristeza, retraimiento (se aíslan, se quedan solos, callados), necesidad de contención y protección, irritabilidad (más común en niños mayores) y conductas de evitación (a la situación ansiógena).

Los padres deben estar alerta a estas manifestaciones, pues mientras antes logren detectar los cambios las consecuencias serán menores, más fáciles de revertir o no lograrán configurar un trastorno propiamente tal.

Si usted está preocupado por su hijo y cree que sus dificultades son debidas a la ansiedad, debe consultar a su pediatra, psicólogo u otro profesional de la salud cualificado para recibir una orientación adecuada. Los problemas de ansiedad en los niños se pueden tratar, y de esta manera prevenir dificultades futuras, como problemas con sus pares, rendimiento por bajo de su potencial social y escolar o sentimientos de ineficacia y baja autoestima. 

Los tratamientos pueden incluir: psicoterapia individual, destinada a adquirir estrategias de resolución de problemas, flexibilización de esquemas cognitivos y desarrollo de habilidades específicas; terapia familiar, para demoler los mantenedores de conducta, modificar el ambiente y aumentar la entrega de reforzadores; además del trabajo interconectado con el establecimiento educacional y en algunos casos medicamentos.