Se acerca
el inicio del año escolar y con este comenzamos a recordar algunas
complicaciones que pueden tener nuestros niños para responder de la manera más
óptima al sistema educativo.
El Trastorno por Déficit Atencional con o sin Hiperactividad
(TDAH) es un trastorno de origen neurobiológico que afecta alrededor del 5% de
la población en edad escolar. Por lo que en un curso de 40 niños, sería fácil
encontrar a 2 o 3 que presenten este problema.
Este
trastorno se caracteriza principalmente por desatención
(incapacidad de resistirse a estímulos irrelevantes, lo que dificulta su
concentración prolongada y mantenerse en en las tareas escolares por un periodo
de tiempo más o menos largo), hiperactividad (alto nivel de actividad motora) e
impulsividad (dificultad de autocontrol en sus emociones, pensamientos y
conductas), estos síntomas son mayores en intensidad y frecuencia para su edad
y nivel de desarrollo, lo que dificulta su aprendizaje y/o comportamiento.
Estos
síntomas pueden manifestarse conjuntamente o de manera independiente. Es decir,
un niño con TDA no necesariamente será hiperactivo.
Estas dificultades, propias del TDAH, se encuentran en las
funciones ejecutivas. Estas consisten en el mantenimiento de la actividad
cognitiva sobre un determinado tipo de estímulo o tarea a lo largo de un
periodo de tiempo (regulación de la atención sostenida). Depende del plan que
se ha trazado para alcanzar una meta; así, a la vez que el sujeto focaliza la
atención, debe ser capaz de rechazar estímulos irrelevantes para ejecutar bien
la tarea propuesta.
¿Cómo se manifiesta?
- En
la calidad del trabajo: este suele ser pobre e incompleto, con mala
presentación, aunque en ocasiones puedan hacerlo bien. La organización,
estructuración y supervisión ayudan a que su trabajo sea de mejor calidad.
- En
la cantidad del trabajo: con frecuencia no terminan sus trabajos, tareas,
exámenes, etc.
- En
la velocidad del trabajo: muchos niños con TDAH trabajan más
despacio, otros se precipitan, lo hacen muy rápido y comenten errores. En
general, no revisan sus tareas y, cuando lo hacen, tienen gran dificultad para
detectar los errores.
- En
el rendimiento: Su rendimiento puede variar significativamente de un
momento a otro e incluso de un día a otro.
- En
el autorreforzamiento: Les cuesta mantener el esfuerzo en tareas o
actividades que no les proporcionan una recompensa inmediata. Tienen
dificultad para trabajar por grandes recompensas a largo plazo, en cambio,
necesitan recompensas frecuentes aunque sean irrelevantes. Pueden iniciar una
tarea correctamente, pero después de un tiempo están desmotivados y/o cansados
y se dejan llevar por estímulos que en esos momentos son más gratificantes e
inmediatos
- En
la regulación del nivel general de alerta: es decir, para centrarse en las
demandas del ambiente y del momento (lo que ocurre aquí y ahora). Tienen
dificultades para iniciar el trabajo que deben hacer, evitar la distracción y
mantenerse atento en situaciones monótonas. Con frecuencia, parece que sueñan
despiertos o están en las nubes cuando se supone que deberían estar atentos,
concentrados y centrados en una tarea.
El panorama se complica aún más si este trastorno cursa acompañado
de otro trastorno como un trastorno de aprendizaje, del ánimo, problemas
perceptivos o conductas agresivas. Sin embargo la problemática no depende
sólo de las comorbilidades asociadas, sino también de la gravedad de la
disfunción neurológica, el estado emocional, la autoestima y la educación que
reciba.
Por tanto, es importante tener presente que este trastorno es muy
permeable a las influencias del entorno, de esta manera una detección temprana,
un diagnóstico certero y un buen manejo psicopedagógico, médico y familiar
favorecerán el buen pronóstico del niño.
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