La adolescencia
generalmente es recordada como una de las etapas más bonita de la vida; aunque este
recuerdo en ocasiones esta afecto al olvido. Un adolecente atraviesa varias
etapas de conflicto, el niño crece y se ve diferente al resto, no solo él lo
nota también los demás, trata de encajar en la sociedad que le rodea, lucha por
superar la incomodidad de su nuevo cuerpo, sus cambios físicos y psicológicos,
la decepción que causan los padres, que ahora son seres humanos y no
superhéroes, la etapa del colegio, las tareas, lecciones, se preocupan por las
notas, son muchos factores que se convierten en preocupaciones para un
adolecente durante su desarrollo.
Muchos
adolescentes atraviesan esta etapa sin dificultad, pero otros tantos (alrededor
del 8%), encuentran demasiados problemas por sentirse diferentes, por el
entorno en el que se desarrollaron, por la falta de apoyo y comprensión en su
familia, por su situación social, por el rechazo al que son sometidos por la
sociedad, etc. lo que afecta su emotividad pudiendo llegar a causar una
depresión. De manera global, el origen de la depresión se debe a aspectos
genéticos, neurobioquímicos o a un trauma vital temprano.
Si bien es
cierto que estar triste no es malo, esto se vuelve grave cuando esa tristeza es
permanente y se pierde las intenciones de vivir, esta persona cambia ese estado
de ánimo pasajero, por algo permanente. Podemos decir que nos encontramos frente
a una depresión en la adolescencia cuando durante al menos dos semanas existen
cambios intensos en el estado del ánimo, manifestado por ánimo depresivo y/o
irritabilidad y/o pérdida del placer; asociado a un aumento o disminución
significativa del apetito, peso, sueño y actividad; disminución de la
concentración, energía, autoestima, motivación e interés por las actividades
usuales; tendencia constante a la autodepreciación o excesivas culpas. Llegando
en los casos más graves a cursar con pensamientos recurrentes de muerte o ideas
suicidas.
En caso de sospechar una depresión se hace necesario confirmar el diagnóstico por un profesional. En dicho proceso será
necesario llevar a cabo una entrevista con la adolescente, su familia e
idealmente con sus profesores (quienes pueden aportar otra visión de la
adolescente). Además de evaluar la existencia de síntomas atípicos, ideación
suicida, psicosis, hipomanía; para tener claro la totalidad del cuadro.
Luego de la evaluación y confirmación del
diagnóstico es necesario tomar las medidas correspondientes al caso y definir
las estrategias a seguir. Siempre es necesario psicoeducar en relación al
cuadro tanto al paciente, la familia y el colegio. Se debe incluir en el
tratamiento la psicoterapia, siendo el enfoque cognitivo-conductual el que da
mejores resultados para este trastorno. Adicionalmente y dependiendo de la gravedad
del cuadro, será necesario incluir medicamentación, la que debe ser elegida
considerando las características propias de cada adolescente, además de la
comorbilidad que se presente.
Se hace sumamente necesaria la
intervención y adecuado tratamiento para este cuadro, pues la depresión mayor
persiste entre un 20% a un 40% en dos años y alrededor del 60% en cinco años.
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